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Mucho se ha escrito sobre La Hija Cóndor, la reciente película de Álvaro Olmos Torrico que ya puede apreciarse en las salas del país. Y mucho más debería escribirse; la trama, su excelente fotografía y el nivel de producción entre otros elementos invitan a realizar un análisis detallado de este orgullo fílmico para el cine del país de los últimos años.
La Hija Cóndor nos lleva a reflexionar sobre la identidad con una trama que convence porque coincide con la realidad que vivimos. La película presenta a una joven de nombre Clara. Ella vive en una comunidad junto a su madre adoptiva que le enseña el oficio milenario de la partería. Al otro lado de su realidad, está el brillo de la ciudad de Cochabamba, donde ella sueña triunfar en la música chicha con sonidos psicodélicos y dejar los cantos rituales de su comunidad.
La proyección de esta película en innumerables festivales y la veintena de premios obtenidos demuestran que las historias que nacen en nuestro territorio continúan fascinando al retratar nuestras costumbres y paisajes. Un punto adicional e importante es que la obra cumple el objetivo de reconectarnos con el conocimiento ancestral.
Gracias a esta producción miles pudimos reconectar. Para muchos de nosotros fue aprender o reaprender sobre el oficio de las parteras que lejos de ser una simple ocupación, es un rol sagrado y que la película de Álvaro Olmos, captura con naturalidad y con la importancia que merece.
Ahí quizá radica la importancia de esta historia, donde la protagonista se mantiene atada a su pasado, pero no deja de mirar su futuro, lo que parece mantenerla atrapada entre el campo y la ciudad, sin que ello signifique idealizar o demonizar estos espacios.
La Hija Cóndor, logra acercar ese legado a las nuevas generaciones, cautivadas hoy por la tecnología y el cine comercial extranjero, es decir, esta obra es una vitrina hacia dentro, para ver nuestras propias raíces. Esto, sin embargo, no está reñido con el ímpetu típico de la juventud de perseguir sueños de salir, de conocer nuevas culturas y de alzar vuelo muchas veces.
Cómo no mencionar a los pobladores de la comunidad de Totorani, donde se desarrolla la historia, su impecable actuación (sin formación profesional), brindan un aire natural al filme como ocurre con el dulce idioma quechua que resuena como una melodía para los hablantes del español principalmente. A ello se añade la música que acompaña la trama de La Hija Cóndor, que logra darle la fuerza y la emotividad que el director puso al momento de escribir el guion entre el maestro Cergio Prudencio y la modernidad del DJ y productor de música electrónica Marcelo Guerrero. A este tejido sonoro se integra la música chicha, capturando la esencia urbana y popular de hoy.
La Hija Cóndor no es un cine costumbrista ni un drama sobre la migración, es un retrato íntimo sobre el crecimiento y la valentía de elegir, y tiene en Clara al personaje perfecto para mostrar sus motivaciones personales más allá de su rol preestablecido como partera; por eso esta película es una excelente opción para recrearse y que se quede en la mente mucho después de que se prenden las luces de la sala.